Nuestro Primado Fundador y los co-fundadores eligieron a María Madre de la Esperanza como la patrona de la Iglesia y de la primera Diocesis. Después de experimentar las desilusiones que han provocado muchos lideres religiosos, nuestra Iglesia quiere ser esa esperanza para un pueblo que busca una Iglesia Madre.

Por ahora, la Diócesis María Madre de la Esperanza es la única Diocesis, con sus Vicarías en diferentes países del mundo.

Novena a María, Madre de la Esperanza
Patrona de NCACUS

Soy la madre del amor justo, y del temor, y del conocimiento, y de la santa esperanza.En mí está toda la gracia del camino y de la verdad; en mí es toda esperanza de vida y de virtud. Ven a mí todo lo que me deseas y sé lleno de mis frutos
(Eclesiástico 24: 24-26)

Oh, bendita Virgen María, Madre de la Gracia, Esperanza del mundo.
Escúchanos, tus hijos, que te lloran.

Oremos

Oh Dios, que por la protección maravillosa de la Santísima Virgen María nos ha fortalecido firmemente en la esperanza, te lo suplico, que al perseverar en la oración por su amonestación, podamos obtener los favores que imploramos devotamente. Por Cristo Nuestro Señor, Amén.

Oración a María, Madre de la Esperanza

Madre de la esperanza y madre nuestra, enséñanos a orar para que nunca decaiga nuestra fe en tu Hijo, Salvador para todos los hombres, Virgen bendita de la Esperanza, protégenos del desánimo, el desaliento y la zozobra cuando nos alcancen y nos desarmen; que tu imagen dolorosa nos reanime y nos reafirme en la espera cuando nos sintamos desfallecer, cuando las propias fuerzas no alcancen y el horizonte se llene de nubarrones, y que tu ejemplo inmarcesible al pie de la cruz donde murió Jesús, Hijo tuyo y Señor nuestro, nos muestre el camino para transformar el dolor en esperanza.

Señora de la Esperanza en quien descansamos, concédenos vislumbrar con renovada confianza la vida eterna que tenemos prometida y alumbra nuestro peregrinaje en la tierra para que sepamos llevar esperanza a los que caminan a nuestro lado. Acoge Dios padre de bondad infinita nuestras súplicas esperanzadas. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que contigo vive y reina en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amén